20 diciembre 2010

Historia de un pedido en wiggle

Para todos aquellos que vivimos en Canarias pedir cosas por Internet es algo habitual. Pese a que con cada pedido jugamos a la ruleta rusa en forma de Aduana, los ahorros que podemos obtener en algunos productos son realmente increíbles. En mi caso, el ahorro con las Saucony ProGrid Triumph 8 ronda los 60€, así una vez toca tirar de tarjeta via web y a rezar un poco para que el pedido no lo paren en la aduana.

- domingo 5 de diciembre, y aprovechando el segundo fin de semana con un descuento del 15% para compras superiores a 50 libras me decido a comprar las Saucony ProGrid Triumph 8. Las cuales son prohibitivas en una tienda de la isla. La única pega es que en ese momento no tiene en stock, así que hago la reserva y a esperar.

- jueves 9 de diciembre, a eso de las 13:00 me llega un correo que dice

Hola Mr. ***:
Hemos empaquetado los siguientes productos y están listos para serte enviados.
1 x Saucony ProGrid Triumph 8 Shoes - Blanco/Añil - UK 8
...

Debido a que seleccioné la forma de envio estandar no tengo forma de hacer el seguimiento al paquete, pero las experiencias de otras persona me dicen que en un semana estará el paquete en casa, así que vuelve tocar esperar otra vez. Pero esta vez el fin de la espera está más cerca.

- lunes 13 de diciembre, me aparece el cargo de las zapatillas mi cuenta corriente, por la cantidad dada en el formulario de compra. La fecha de la operación es del viernes 10 de diciembre, así que por lo que se puede ver todo está en orden.

- jueves 16 de diciembre, y a eso de las 12:00 el paquete llega a mi casa. Es el típico paquete de plástico con las caja de las zapatillas dentro, que por cierto llegó en perfecto estado. Dentro mis nuevas Saucony ProGrid Triumph 8, con una pinta fantástica para empezar a darle caña de la dura ahora que estoy recuperado.

Lo único "malo" es que el paquete traía por fuera la factura, y eso, viviendo en Canarias suele ser sinónimo de Aduanas y eso nunca es una buena noticia. Por entre el despacho de aduanas e impuesto menos de 30€ no te libras de pagar. Pero bueno, todo acabó bien, así que sólo puedo decir cosas buenas de wiggle. Creo que los próximos zapatillas la volveré a comprar ahí si la oferta merece la pena.

Espero que esto quite los miedos a aquellos que tengan alguna duda sobre si realizar la compra o no.

Nota: Quiero dejar claro que siempre he apoyado y apoyaré al comercio local (sobre todo al pequeño comercio) ya que da muchos beneficios. Pero un incremento de 60€ en un producto me parece demasiado, así que por eso he recurrido a Internet.

23 noviembre 2010

Abebe Bikila, el corredor descalzo

Artículo original en La Vanguardia

El etíope fue el primer africano en conseguir una medalla de oro en unas Olimpiadas, corrió la maratón descalzo y se convirtió en uno de los héroes contemporáneos de África.

Este año se cumple el cincuenta aniversario de una de las proezas más grandes del deporte. En 1960 por primer vez un etíope, un africano, conseguía una medalla de oro en unas Olimpiadas. Abebe Bikila ganó la maratón de Roma rompiendo todos los récords, y lo hizo descalzo. Dos horas, quince minutos, 16 segundos y dos décimas en 42 kilómetros con 195 metros de historia. Nadie sabía su nombre, nadie entendía que hacía allí ese hombre delgado, con aspecto de asceta; aquel hombre era África, que en su renacimiento se mostraba al mundo tal y como era, pobre, pero orgullosa.


Abebe Bikila, hasta entonces un completo desconocido, se convirtió en un héroe para los africanos, en plena efervescencia de sus independencias, y en un revulsivo para occidente, que descubría desconcertado la nueva fuerza del continente negro.

Bikila, nacido en 1932 en un pequeño pueblo de Etiopía, era hijo de un humilde pastor de cabras y no aprendió a leer hasta los 14 años. A los 20 años, se alistó a la Guardia Imperial de Haile Selassie como tantos otros jóvenes etíopes que buscaban un sustento. Hasta entonces, el joven Abebe sólo había corrido de forma esporádica, pero cuentan que un día vio a un grupo de hombres que corrían con camisetas con la palabra Etiopía escrita a la espalda, cuando le dijeron que esos atletas formaban parte del equipo nacional, supo cual era su destino.

Abebe, pasó a formar parte del equipo, aun así, era un diamante en bruto sin descubrir; a pesar de haber alcanzado una relativa popularidad en su país, era un total desconocido en el exterior y ni siquiera fue seleccionado para representar a Etiopía en las Olimpiadas de Roma en 1960. El azar quiso que uno de los atletas se lesionara en un partido de fútbol y Abebe fue convocado tan repentinamente que el avión con destino a la Ciudad Eterna tuvo que esperar por él.

El día de la gran prueba, Abebe Bikila, que ya tenía 28 años, se calzó las zapatillas Adidas con las que debía correr, pero no se sintió cómodo con ellas, lejos de desanimarse, Bikila decidió que correría por las calles de Roma como tantas veces lo había hecho, descalzo. Todo el mundo lo miraba estupefacto, ¿quien era aquel hombre sin zapatos?.

Era un día caluroso y la carrera se inició cuando el sol ya caía, los corredores empezaron a marchar a los pies del imponente Arco de Constantino, primero en grupo, luego poco a poco los favoritos, entre ellos el marroquí Rhadi Ben Abdesselam, empezaron a distanciarse del pelotón mientras la luz del día desaparecía y llegaba la noche. Derrepente, aquel fibroso etíope empezó a destacar, su delgado cuerpo avanzaba ante una Roma iluminada, siglos y siglos de historia le contemplaban.

Tras 20 kilómetros de lucha contra su propio cuerpo, Bikila y Abdesselam corrían juntos, en un impresionante duelo por las calles del centro de Roma, un precioso escenario para una batalla que el público seguía emocionado. Los dos atletas corrieron juntos hasta los últimos 500 metros, entonces Abebe avanzó.

Cuando llegó a la meta, con la multitud enloquecida, los aplausos y los flashes, el etiope descalzo, ese esbelto desconocido, no se detuvo y siguió corriendo hasta llegar al Arco de Constantino; allí estaba su gloria, la de toda su nación, a pocos metros de donde Mussolini había partido con su ejército a la conquista de Etiopía. Cuando se le preguntó porque corría sin zapatillas, Bikila fue consciente del simbolismo de su gesta: "Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo", dijo. El pastor de ovejas postró ante sus pies descalzos a la Italia colonial, a los necios que nunca creyeron que un hombre negro pudiera realizar tal proeza. Abebe se convirtió en leyenda, y África enloqueció.

Cuatro años más tarde, esta vez calzado, volvió a ganar el oro en la maratón de las Olimpiadas de Tokio batiendo de nuevo la plusmarca mundial con 2 horas 12 minutos 11 segundos. Parecía que su estrella no se iba a acabar nunca, y sin embargo lo hizo.

El declive del atleta más grande de la historia africana empezó en 1968, durante las Olimpiadas de México, la falta de oxígeno sumado a una lesión, le obligaron a abandonar en el kilómetro 17, su carrera se fue subida en ambulancia, esa fue la última vez que se le vio correr.

La diosa de la fortuna es caprichosa, unas veces te da la gloria y cuando menos te lo esperas te la arranca de un zarpazo. Un año después de abandonar en México, Bikila conducía su coche cuando perdió el control al tratar de esquivar una protesta estudiantil. El corredor quedó parapléjico, así de cruel puede ser la fortuna.

Resignado, Bikila aceptó su desgracia: "Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz", dijo entonces.

Cinco años más tarde, el 23 de Octubre de 1973, Abebe Bikila moría a causa de una hemorragia cerebral provocada por complicaciones debidas al accidente, tenía tan sólo 41 años. 65.000 personas acudieron a despedir al más grande de sus héroes nacionales.

El corredor de maratones etíope Haile Gebrselassie, escribió sobre la importancia del corredor algo hermoso: "Bikila hizo que nosotros, los africanos pensáramos: "Mira, él es uno de nosotros, si él puede hacerlo, nosotros podemos hacer lo mismo". El corredor descalzó sigue corriendo en las mentes de los africanos.

09 octubre 2010

Kilian Jornet, una fuerza de la naturaleza

Artículo original en Marca

El atleta catalán bate el récord del mundo de ascenso y descenso del kilimanjaro · sube y baja al techo de áfrica en 7 horas y 14 minutos


Si Kilian Jornet se hubiera dedicado a un deporte olímpico o a una disciplina con mayor repercusión en los medios de comunicación, probablemente sería una leyenda. Un personaje de esos que no podría pisar la calle. Kilian Jornet, nacido en Lleida hace 23 años, es a las carreras de montaña lo que Maradona al fútbol o Michael Jordan al baloncesto. Su última proeza, después de ser campeón del mundo de carreras de montaña, de esquí de travesía, de ganar todo lo ganable y de batir todos los récords batibles, ha sido subir y bajar del Kilimanjaro (5.891 metros) en 7 horas y 15 minutos.

La gesta no aparecerá en los libros de historia del deporte porque está lejos de cualquier homologación u organismo oficial, pero quienes estuvieron con Kilian el pasado 28 de septiembre contarán a sus nietos que presenciaron un hecho casi sobrenatural, ejecutado por un chaval que es una fuerza de la naturaleza.

Subir corriendo al techo de África, superar los problemas de la altitud, salvar más de 4.000 metros de desnivel y hacer otro tanto bajando en poco más de siete horas sólo está al alcance de los elegidos. Como referencia basta añadir que el anterior récord estaba fijado en 8 horas y 27 minutos, a cargo del tanzano Simón Mtuy. Kilian lo pulverizó en más de una hora. Simón Mtuy, consciente de que su récord conseguido hace cinco años no tenía ningún futuro si lo atacaba el catalán, se prestó a guiar a Kilian por la montaña. Durante el periodo de aclimatación y durante la propia carrera el tanzano ha sido una sombra y un punto de apoyo.

Para el ascenso, Kilian eligió la ruta Umbwe, de 41 kilómetros de longitud. En la subida empleó 5 horas 23 minutos. Apenas permaneció un rato en la cumbre. Lo justo para avituallarse y respirar. Diez minutos después de hacer cima en el Kilimanjaro, bajó a la carrera cubriendo la distancia en 1 hora y 50 minutos, menos de lo que tarda un atleta de élite en completar un maratón urbano.

El proyecto ‘kilian quest’
La marca Salomon, líder en el sector de los deportes al aire libre, lleva tiempo apostando por Kilian Jornet y no ha querido desaprovechar el tirón del atleta entre los miles de practicantes de una disciplina en auge como las carreras de montaña. Por eso ha diseñado un proyecto a su medida, llamado Kilian Quest, que le va a llevar por todo el mundo atesorando récords y victorias.

Aparte de ganar y pulverizar el tiempo en el prestigioso Ultra Trail del Mont Blanc —166 kms. en 21 horas y 33 minutos— las gestas del catalán se convierten también en retos contra sí mismo. El último fue cruzar los Pirineos de punta a punta en sólo una semana, desde Hondarribia al Cabo de Creus. En total, 830 kilómetros con 40.000 metros de desnivel positivo.

Todo se resumió en una rutina demoledora de comer, dormir y correr. Correr entre 10 y 13 horas diarias, almorzar sobre la marcha, cenar al final del día y descansar por la noche. Un sufrimiento para él y para toda la familia que le fue acompañando durante la travesía. Su madre, Núria, corría con él los últimos kilómetros. Finalizado el reto, la mismísima Paula Radcliffe, plusmarquista mundial de maratón y residente en Font Romeu, donde vive Kilian, se rindió a sus pies.

Para el recuerdo queda también la travesía de la isla de Córcega por el famoso sendero GR-20, un clásico que los montañeros más avezados tardan una semana en cubrir y que Kilian completó en 33 horas pese a sus 200 kilómetros de recorrido técnico y complicado. En Córcega, el catalán bajó cuatro horas el récord anterior.

Si asombrosa fue esa travesía, estratosféricos fueron los 265 kilómetros del Tahoe Trim Rial, una ruta que une California y Nevada y que Kilian recorrió en poco más de 38 horas. Esta vez, el récord cayó con una diferencia de ocho horas sobre la marca establecida.

Dónde está el techo de este atleta y esquiador de sólo 23 años nadie lo sabe. Si su cuerpo pagará más adelante semejante desgaste es un misterio. Ahora, sólo se puede disfrutar de Kilian.

Artículo original en Marca